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La Razón de las Ofelias

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" La locura no se encuentra unida al mundo y a sus fuerzas subterráneas, sino más bien al hombre, a sus debilidades, a sus sueños y a sus ilusiones. "

Michel Foucault

La razón de las Ofelias parte de la relación íntima y personal con la esquizofrenia, que le ha enseñado a Tino Fernández a ver las distintas caras de la enfermedad en la mujer que lo trajo al mundo: desde la distancia que crea con la realidad, de forma casi inevitable, el que la padece; los cambios abruptos de estado de ánimo que dejan al enfermo indefenso frente a su propia emotividad, que carece de equilibrio, control y mesura; la limitación constante en la expresión de los afectos; la pérdida progresiva de la capacidad de hilar los pensamientos en una secuencia lógica, presentándose entonces de manera desorganizada y fragmentada; la continua aparición de creencias que no responden a la evidencia de los hechos, ni a elaboraciones de la razón, ni son compartidas por las demás personas que rodean al enfermo; pero todo esto acompañado de una normalidad aparente, de una cotidianidad tranquila y rutinaria, en la que se piensa y se afirma que todo va bien, hasta la llegada de una nueva crisis.

+ info: http://www.mercatflors.org/

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La Copla

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Con la presente exposición pretendemos hacer un recorrido gráfico de la historia de la copla por medio de los variados documentos que la Biblioteca Nacional de España conserva en sus colecciones.La secuencia que sigue la exposición está dividida en varias secciones encabezadas por títulos de conocidas coplas: El día que nací yo (El primer tercio del siglo XX); Suspiros de España (1935-1950); Yo soy esa (1950-1965); Y sin embargo te quiero (El exceso en la radio y el cine); Pasó tu tiempo (1965-1980); Te he de querer mientras vivas (De los años 80 a la actualidad); Bien se ve, Son las cosas de la vida (La importancia de la copla en el mundo del espectáculo y los medios de comunicación de masas). En todas ellas se recogen las múltiples manifestaciones de la copla: grabaciones sonoras (rollos de pianola, discos de pizarra y de vinilo, casetes y cartuchos, discos compactos), cancioneros, programas de cine, fotografías, videograbaciones.Durante el recorrido nos encontramos con los nombres más destacados de cada período: desde La Argentinita, compañera de Lorca en las incursiones musicales del poeta, Pastora Imperio y Raquel Meller, embajadoras en París y en el mundo, pasando por Miguel de Molina, uno de los primeros intérpretes masculinos de la copla, Estrellita Castro, Concha Piquer, Tony Leblanc, en su faceta de creador de coplas, Nati Mistral y Lola Flores, que junto a Manolo Caracol revolucionó el espectáculo. Otra destacada pareja, Carmen Morell y Pepe Blanco, iniciaron una nueva vía en el mundo de la copla.No faltan los populares Antonio Molina, Manolo Escobar, Rocío Jurado e Isabel Pantoja. En estos últimos años otras voces enriquecen el mundo de la copla: Pasión Vega, Diana Navarro, Carlos Cano, Concha Buika y el conocido tenor Plácido Domingo, que incluye en su repertorio coplas inmortales. Se alude a la estética de la copla y a su puesta en escena en las tablas de un escenario y en la pantalla cinematográfica con un traje negro y una mantilla de blonda similares a los que inundaron la iconografía de la copla en carteles, cubiertas de discos y programas de espectáculo, como podemos contemplar en el audiovisual que acompaña y enriquece la exposición.La publicidad de las contracubiertas y de las últimas páginas de los documentos impresos nos permite relacionar la copla con la literatura popular, con las novelas, con las biografías y, además, la noticia que dan los pequeños programas de cine nos sitúa a la puerta de los locales que en los años cuarenta y cincuenta nos llamaban para que entráramos en la magia de las salas oscuras.Como la copla ha vivido, sobrevivido y revivido, hemos aceptado los documentos contemporáneos de la creación de las obras (partituras, discos, cancioneros), pero también hemos recogido las nuevas ediciones, las nuevas versiones, los nuevos sistemas de difusión.Canción española, copla andaluza, canción folclórica y copla son los diversos términos que identifican un género musical propio de España que forma parte del patrimonio cultural español. Por su hondo calado dentro de la cultura popular, aceptar la copla como parte de nuestro patrimonio es un hecho que no puede dejarnos indiferentes. La copla levanta pasiones a favor y en contra. Se ha usado y abusado de ella. En la actualidad una corriente de recuperación de la copla nos obliga a hacer una relectura de su historia, aceptándola más allá de tantos prejuicios ya superados, lo que permite encarar el hecho cultural de la copla libres de complejos, ofrecer una visión diferente y apreciar su valor a través del análisis objetivo de sus documentos sonoros, impresos y audiovisuales, para colocarla en el lugar que merece en nuestra historia y cultura. Esta es la contribución de la Biblioteca Nacional de España.

Sala Hipóstila de la Biblioteca Nacional
3 de febrero al 12 de abril de 2009
martes a sábado de 10 a 21 h.
Domingos: de 10 a 14 h. (Último pase 30 minutos antes del cierre)


+info: http://www.bne.es/esp/actividades/copla.htm

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El Viaje póstumo de Bacon a Madrid

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Murió en Madrid en 1992. ahora, uno de los pintores más valorados regresa a españa de la mano de una gran exposición en su santuario, el museo que adoraba, el prado.

La primavera en Madrid se alargaba aquel junio de 1956. Los plátanos centenarios del paseo del Prado cubrían de sombra las zonas donde el sol empezaba ya a calentar en exceso. Dos hombres de mediana edad, vestidos con pantalón y americana oscura, se fotografiaban el uno al otro en la balaustrada del Museo del Prado, con el hotel Ritz al fondo. Su aspecto delataba de inmediato su condición de extranjeros. Francis Bacon y su amigo Peter Lacy se encontraban de paso en España camino de Tánger -la ciudad marroquí, imán para homosexuales, escritores y artistas, que Truman Capote, William Burroughs, Allen Ginsberg, Paul Bowles y la generación beat hicieron suya-, donde Lacy debía cumplir una oscura deuda con el propietario del bar Dean's y tocar allí el piano por las noches. Era la primera vez que el pintor (Dublín, 1909-Madrid, 1992), entraba en el lugar donde se exhibían las obras maestras de su adorado Velázquez, que conocía de sobra a fuerza de observar La Venus del espejo en la National Gallery de Londres: "Si no se entiende esa obra, no se entiende mi pintura".

Manuela Mena, jefa de conservación del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado y comisaria en Madrid de la gran exposición retrospectiva sobre Bacon, organizada por la Tate Britain de Londres y el Metropolitan de Nueva York, desconoce cómo fue aquella primera visita del artista, pero sí recuerda el aspecto entonces del museo, un lugar apacible, silencioso, sin turistas, solitario y oscuro, con suelos de madera que crujían con las pisadas. "Había siempre poca gente, y aunque ahora nos parezca mentira, no tenía luz artificial, los cuadros debían contemplarse con la que entraba desde el exterior. ¿Cuántos días estuvieron aquí, cuánto tiempo pasó Bacon en el Prado? No podemos saberlo. A él le gustaba Velázquez y en esa primera visita debió de verlo todo".

Un siglo antes, en 1865, Édouard Manet experimentó el mismo impulso que el pintor inglés atormentado y transgresor "que pinta monos locos", como decía Allen Ginsberg, y acudió al Prado para ver la obra de los grandes maestros españoles. Ambos peregrinaron para observar de cerca las pinceladas, la composición, la forma de hacer tan moderna, tan colorista, de Velázquez, Goya, Zurbarán, El Greco o Ribera.

De haber vivido, Francis Bacon hubiera cumplido este próximo otoño 100 años. El segundo de los cinco hijos de Cristina y Edward, ingleses protestantes, nació un 28 de octubre en Dublín. Su padre, un ex militar, entrenador de caballos de carreras que afirmaba ser descendiente del filósofo Francis Bacon, inculcaba disciplina, orden y mando en la familia. De aquellos años, el pintor recordaría después la soterrada violencia en el ambiente, el inicio de la I Guerra Mundial y el paso de las tropas del regimiento de caballería cercano a su casa. También las frecuentes crisis de asma que sufría: "Me acuerdo", le confesó al crítico de arte David Sylvester en 1979, "de que me inyectaban morfina y la relajación que me producía era fabulosa. No querían darme mucha porque temían que me volviera adicto".